sábado, 9 de marzo de 2013

Prométeme que eres feliz.





El once de enero de dos mil trece te aseguré que iría a verte. Pero no fui. No cumplí esa promesa. Y ahora ya es tarde. Ahora ya no puedo decirte lo mucho que lo siento y las tremendas ganas que tengo de verte. Ya no puedo decirte que lo que más deseo es que me abraces, me sonrías y me hables. Ya es tarde… y no podré ver tus ojos brillando nunca más. Ya no podré observar cómo te ríes; sólo podré escuchar palabras tratando de animarme, de hacer que me olvide de ti.
Pero yo quiero que vuelvas. Quiero que me des paseos por Sevilla y que me regales tus collares. Quiero que me cuentes las mismas historias de siempre y que las exageres como siempre hacías. Quiero que me cantes y me cuentes chistes verdes. Te quiero a ti, sólo a ti, con tus virtudes y tus defectos, con tu voz y tus pelos de loca; te quiero aquí, ahora, a mi lado, y que me digas que soy feísima como mi padre y sin embargo la niña más bonita de Andalucía.
Eso es lo que yo quiero, sí. Y cada vez que mire una foto tuya sólo podré pensar en que te fallé. No cumplí mi promesa. Ese remordimiento me perseguirá siempre, pero lo único que me consuela es saber que lo último que te dije es que te quiero. No te haces una idea de lo muchísimo que te quiero.
Sólo espero que allá donde estés ahora mismo, con tu cabellera despeinada y tu sonrisa picante, seas feliz. Es lo único que necesito saber. Prométeme que eres feliz.